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Nací el 3 de enero de 1996 en Bogotá y crecí en Engativá, el barrio que me vio convertirme en quien soy hoy: NIXRØ.
Pero mi historia con la música electrónica empezó mucho antes de tener un nombre artístico. Tenía apenas doce años cuando un familiar, sin saberlo, cambió mi vida. En casa solía poner trance, tech house y techno, y yo me quedaba ahí, pegado al sonido, sintiendo algo que no sabía explicar. Esa música se metió en mí y nunca más se fue; ha estado presente en los momentos más importantes y también en los más difíciles de mi vida, como una especie de refugio.
Terminé el colegio sin saber muy bien qué quería hacer e intenté estudiar otras cosas que, sinceramente, nunca llegaron a llenarme del todo. Fue investigando, escuchando, asistiendo a fiestas y dejándome envolver por esa energía colectiva de la pista que entendí que no quería escuchar el techno solo desde afuera: quería hacerlo yo mismo.
Así que decidí tomarme en serio lo que siempre fue mi pasión y, en 2025, me certifiqué como DJ Básico y Profesional en Madskills Academy, en Bogotá. No fue solo un título; fue la confirmación de que sí podía construir una vida alrededor de lo que amo.
Cuando pienso en mi lugar dentro de esta escena, no puedo evitar sentir que soy parte de algo mucho más grande que yo. El techno bogotano nació en los años noventa, en medio de fiestas clandestinas y espacios como Cinema, en una ciudad que apenas comenzaba a diferenciar la música electrónica de géneros predominantes como la salsa y el crossover. Esa escena underground fue creciendo poco a poco, sostenida por colectivos y DJs que aprendían a mezclar de oído, importando vinilos a precios altísimos únicamente por amor a este sonido.
De ese movimiento surgió Octava, uno de los clubes fundados por Gerard Radio, y cada vez que piso ese lugar siento que camino sobre las huellas de quienes hicieron posible que esta música tuviera un hogar en mi ciudad.
Mi sonido se mueve entre el techno, el hard techno, el trance y el eurodance. Bebo de referentes como Funk Tribu, Victor Ruiz y Mauro Picotto, artistas que me han enseñado tanto de técnica como de actitud frente a la pista.
Hoy comparto cada set en SoundCloud, no buscando fama, sino esa misma sensación que sentí de niño escuchando música en casa: la de no querer que la canción termine nunca.