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La música volvió a mí desde un lugar muy claro: la necesidad de escuchar buena música en los momentos importantes. Música que invite a bailar, pero que también conecte con las personas. Esa inquietud se transformó en proyecto el día que, conversando con amigos en un bar de estética urbana e industrial, imaginé por primera vez verme detrás de la cabina, creando el ambiente del lugar. Mi propuesta musical nace de una mezcla natural entre ritmos latinos —como la salsa, la cumbia y el reggaetón— y sonidos más profundos como el deep house, el afro house y la electrónica. Me gusta imaginar mis sets como viajes: desde una fiesta cálida en el Caribe hasta paisajes naturales donde la música fluye con libertad. Uno de mis principales diferenciales es la técnica y la lectura del público. Entiendo la pista como un espacio vivo, donde la continuidad musical es clave para sostener la energía y permitir que las personas se entreguen al momento. Cada set se adapta al contexto, al espacio y a quienes están presentes. Mi proyecto está pensado para fiestas en salones o residencias, eventos donde la diversidad musical y la experiencia completa son esenciales. Busco que cada presentación se traduzca en momentos especiales, acompañados por una selección musical que quede en la memoria de quienes la viven.