
About Me.
Eric Fernández, conocido como Eric Soul, nació y creció en Alicante, donde el mar Mediterráneo le susurró las primeras melodías. Entre los discos de su padre y los beats improvisados en fiestas de adolescente, forjó una conexión mística con la música: para él, el oleaje no era ruido, sino un lenguaje ancestral. A los 18 años, emprendió una travesía que lo llevó a recorrer España —desde los clubes underground de Barcelona hasta los atardeceres en las playas de Cádiz— y más allá, explorando ciudades donde el jazz, el funk y el soul se funden con el pulso universal de la pista. Hoy, tras décadas de vivencias que han moldeado su alma, Eric Soul es poseedor de una sensibilidad musical no apta para todos los públicos, sino para aquellos sibaritas sonoros que buscan el real y más elegante sonido soulful house. Sus sets son una alquimia de tres elementos irrepetibles: Melodías exquisitas, tejidas como los hilos dorados del atardecer alicantino, que se entrelazan con la energía urbana de Madrid. Vocales soulful que son terciopelo, capaces de acariciar el alma mientras invitan a cerrar los ojos y sentir. Bajos que invitan a mover el cuerpo sin parar, profundos como el mar de su infancia y contundentes como el asfalto madrileño a medianoche. Eric Soul no mezcla música: teje identidades. Cada track es un puente entre el Mediterráneo que lo vio nacer y la capital que lo adoptó: los grooves cálidos de la playa de Muchavista se funden con el ritmo frenético de la Gran Vía, y los ecos de los muelles alicantinos dialogan con los afterhours del centro de la capital. Es un sonido para quienes entienden que la elegancia no grita, sino que susurra en los detalles —como la calidez analógica del vinilo que rescata en cada sesión, priorizando la narrativa emocional sobre la tendencia efímera. En YouTube (@ericsoulmusik), sus sets fluyen como historias sin final, donde el mar y la ciudad se abrazan en una sola melodía. En Instagram (@thedeepgrooveking), construye una estética nocturna donde los azules profundos del Mediterráneo se entrelazan con el gris del asfalto madrileño, y los dorados del atardecer iluminan beats que solo entienden quienes saben que el verdadero house nace en el cuerpo, no en la pantalla. Tras años navegando entre fronteras, Eric Soul ha perfeccionado el arte de transformar la pista en un santuario: sus sesiones son meditaciones colectivas donde el baile se convierte en memoria compartida —como cuando, de niño, el mar alicantino le enseñó que el ritmo es vida, y hoy, en Madrid, el bajo le recuerda que el alma siempre encuentra su camino—. Para los sibaritas del sonido, sus sets son una promesa: aquí no hay ruido, solo alma; aquí no hay pantallas, solo el latido del Mediterráneo pulsando en el pecho de la ciudad. Para quienes saben que la elegancia no se anuncia, se siente. Para quienes, entre el mar y el asfalto, reconocen el mismo latido. Para quienes entienden que el soulful house no es un género, sino un estado del alma. "Donde otros ven ruido, yo encuentro el mar. Donde otros ven ciudad, yo sigo el groove de casa."
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