120–180
Nací en Bogotá entre paredes manchadas de color y noches largas de aerosol, tintas y vinilo. El grafiti fue mi primera voz: un grito de inconformidad, rebeldía y libertad que se colaba entre calles y muros. Con el tiempo entendí que esa energía no podía quedarse solo en la pintura; tenía que transformarse, trascender. Hoy esa misma esencia vive en mi música. Cada track es un muro invisible donde pinto con sonidos lo que antes escribía con color. Mis beats llevan la adrenalina de la calle, la crudeza del asfalto y la intensidad de quien no teme decir lo que siente. No hago música para encajar, sino para romper moldes. Lo mío es transmutar esa rabia creativa en ritmos que hagan mover cuerpos y mentes, siempre fiel a la raíz que me formó: la calle, el arte y la libertad.